Salir en carretera hacia los Cantones del Este tiene algo de ritual: el simple hecho de preparar todo para una escapada familiar y recorrer paisajes verdes ya pone en modo aventura tranquila. Esta vez, nuestro destino era la Abadía de Saint-Benoît-du-Lac, un espacio donde conviven la arquitectura, la espiritualidad y el sabor. Nos propusimos que la jornada mezclara pausa, contemplación y sabores auténticos, sin prisas y con espacio para descubrir.
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Un descanso que sorprendió en el camino
Antes de llegar a la abadía, hicimos una parada en una zona de descanso junto a la carretera. Lo que parecía un alto para comer se transformó en un momento para respirar el ritmo pausado de la región: familias compartiendo, ciclistas estirando las piernas, niños dejando que el tiempo se deslice sin urgencias. Entre bocados simples y charlas, entendimos que cambiar la velocidad habitual es parte del viaje.
Silencio y luz: la experiencia dentro de Saint-Benoît-du-Lac
La abadía se perfila en el paisaje con sus líneas geométricas y piedra luminosa, invitando a un recogimiento inmediato. Al entrar, nos entregaron audífonos para escuchar la guía, facilitando mantener el ambiente de silencio que impregna el lugar. Los niños quedaban absortos observando desde los mosaicos del piso hasta los ventanales altos, mientras una luz suave parecía dibujar el aire.
Fundada en 1912 por monjes benedictinos que llegaron desde Francia, la abadía creció desde una modesta granja hasta un centro reconocido por su espiritualidad y arquitectura, con su iglesia finalizada en 1994. Caminar por sus pasillos no solo es admirar detalles, sino sumergirse en un homenaje al silencio y la reflexión, un respiro poco común cuando vienes de un entorno urbano como Montréal.
De la quietud a los sabores de la región
Al salir de la atmósfera contemplativa, la boutique de la abadía nos recibió con una selección de quesos artesanales. Optamos por una caja surtida que luego se convirtió en el centro de nuestra siguiente pausa. En el auto, las niñas se entretuvieron clasificando los quesos por textura y sabor, explorando sin apuro mientras se armaba una pequeña tabla que compartiríamos más tarde.
Este momento nos recordó cómo las experiencias se disfrutan más cuando las compartimos en familia, con espacio para que cada uno descubra y elija a su propio ritmo.
Atardecer junto al lago: un cierre silencioso y pleno
Para cerrar la jornada, llegamos al Parc du Lac d’Argent en Eastman, donde la luz dorada del atardecer envolvía las aguas tranquilas. Allí, extendimos nuestra tabla de quesos, acompañada con fruta y pan, mientras la calma del lugar invitaba a sentarse y simplemente ser. Algunos emprendieron la búsqueda de conchas por la orilla, otros se entregaron al silencio y a la belleza del momento.
Esta pausa al aire libre cerró el día con un sabor de quietud y alegría que se quedó con nosotros mucho tiempo después de regresar.
Información práctica
📍 Ubicación
1, rue Principale, Saint-Benoît-du-Lac, Québec
🚗 Distancia aproximada
Alrededor de 1 h 45 min desde Montreal, en la región de los Cantons-de-l’Est
👨👩👧 Ideal para
Familias, amantes de la naturaleza, fotografía, arquitectura y escapadas tranquilas
⏱ Tiempo recomendado
Entre 1.5 y 3 horas si recorres los jardines, la iglesia, la tienda y los alrededores del lago
🧀 No te vayas sin probar
Los quesos elaborados por los monjes y los productos de la tienda de la abadía
🎵 Experiencia especial
Escuchar los cantos gregorianos dentro de la iglesia puede transformar completamente la visita
💡 Consejo simple
Revisa horarios de celebraciones, visitas y tienda antes de salir, ya que pueden variar según la temporada
Para familias que buscan ritmo y sabor en Québec
La Abadía de Saint-Benoît-du-Lac y sus alrededores proponen una experiencia más allá de la típica escapada: invitan a sincronizar momentos de recogimiento con la frescura de la naturaleza y la invitación a probar productos locales, como los quesos.
Una recomendación práctica para familias es planificar la visita durante el verano, cuando se ofrecen visitas guiadas con audífonos, ideales para mantener la atención de los niños sin romper la atmósfera de sosiego. La boutique de la abadía funciona todo el año, una opción segura para comprar productos locales y llevarlos a un picnic cercano.
Al elegir espacios abiertos en la región, como parques junto a lagos, se puede aprovechar para descansar del calor y dejar que los niños exploren mientras los adultos disfrutan de la compañía y el paisaje. Verificar la disponibilidad y horarios de las actividades el día de la visita es útil para evitar contratiempos.
Así, este recorrido permite unir arquitectura, historia y gastronomía con momentos espontáneos y pausados, al alcance de un paseo tranquilo desde Montréal.
En la Guía Aventurera de Montréal, seguimos reuniendo ideas para descubrir Québec en familia, explorando destinos que balancean aventura y descanso a partes iguales.
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