Migrar también es coleccionar tradiciones
Cuando migramos, dejamos atrás lugares, personas y esas pequeñas tradiciones que antes eran simplemente parte de nuestra vida cotidiana. Y quizás por eso intentamos mantenerlas vivas: las repetimos con nuestros hijos, cocinamos lo que cocinábamos en casa, celebramos nuestras fechas y les contamos nuestras historias.
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Cuando migramos, dejamos atrás lugares, personas y esas pequeñas tradiciones que antes eran simplemente parte de nuestra vida cotidiana. Y quizás por eso intentamos mantenerlas vivas: las repetimos con nuestros hijos, cocinamos lo que cocinábamos en casa, celebramos nuestras fechas y les contamos nuestras historias. Es nuestra manera de seguir conectados con quienes somos y con el lugar de donde venimos.
Pero pasa algo curioso. Mientras intentamos conservar nuestras tradiciones, también empezamos, casi sin darnos cuenta, a adoptar otras. Vamos a recoger manzanas en otoño, celebramos nuevas fechas y descubrimos costumbres que antes no eran nuestras, hasta que un día también se convierten en tradiciones familiares.
Y nuestros hijos terminan creciendo justo en medio de esos dos mundos: con un pedacito de la vida que nosotros dejamos atrás y otro pedacito del lugar que ahora llaman hogar.
Quizás eso también sea migrar: no dejar atrás quienes somos, sino ir sumando nuevas tradiciones a nuestra historia 🥹